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Los berrinches: qué son, por qué se desencadenan y cómo prevenirlos (I)

Mi hijo le dice que no a todo”, “No me hace caso”, “Si le digo que no, se tira en el suelo a llorar”. Esas son las frases que normalmente escuchamos, por parte de los padres, cuando sus hijos tienen entre los dos y los cuatro años. Pero toda esa etapa que describen -de llantos, ira, frustraciones o rabietas intensas- tiene un nombre: el de berrinches o pataletas, algo totalmente normal en el desarrollo del niño y que últimamente se percibe de forma negativa, cuando no lo es.

“Podemos definir un berrinche como el comportamiento donde hay un desborde emocional, acompañado también de un desborde conductual”, explica Vanessa Muñoz de Colic, psicóloga infanto juvenil y especialista en temas de conducta infantil y crianza. Ese desborde puede estar seguido por el llanto o los gritos y siempre obedece a una causa, aunque a veces no sea muy coherente para nosotros los adultos. “Es muy común que un niño de dos años haga berrinches, porque es la forma de expresar molestia”, dice. “Aparte ellos no están maduros emocionalmente y, de hecho, las conexiones neurológicas tampoco están maduras para generar ese control emocional”.

Los berrinches surgen entonces como una forma de expresión de lo que sienten y que no pueden comunicar de ninguna otra manera, por no tener el lenguaje suficiente para platicar sobre lo que está ocurriendo o comunicar que hay algo que le está siendo incómodo.

¿Y entonces, por qué se desencadenan?

Lo normal es que sea por necesidades que no están siendo satisfechas (hambre o sueño), por algún miedo, por querer mostrar desacuerdo hacia algo o por frustraciones (no le compraste algo, le dijiste que no a algo), que al final es la emoción primaria que está presente: la frustración de no poder lograr las cosas que se quieren.

El berrinche no debe tomarse como una etapa desagradable sino como un momento de crecimiento tanto para el infante como para los padres, pues para ambos es un nuevo reto. En los pequeños, por ejemplo, se traduce en un proceso saludable donde comienzan a diferenciarse, como parte de la singularidad e individualidad que posee cada quien; Es una circunstancia en la que se le hace ver a los padres que es una persona distinta, que no desea las mismas cosas y que poco a poco va reflejando su personalidad.

Los berrinches nunca pueden ignorarse

Es importante tener en cuenta que los berrinches no van a superarse solos, por lo que es indispensable la intervención de los padres, que son los referentes directos del niño, para clausurar esta etapa de la mejor manera posible. “El berrinche se entiende como un acto del niño en donde tiene una función y nosotros como padres somos responsables de contener. No de castigar, de contener. Y de guiar un proceso para que, progresivamente, vaya creando el autocontrol que necesita para superar eso que a él le está causando malestar, incomodidad, tristeza, rabia”, señala la psicólogo de @psico_kids.

Además, de no cerrar esa etapa de la mejor manera posible, podría instaurarse y presentarse en edades no esperadas, por algo que se aprendió a nivel conductual. “Los berrinches que se presentan en ciertas etapas son naturales. Depende de la resolución que le den los padres a ese berrinche, esa conducta se puede acentuar o no en el futuro”, comenta. En pocas palabras, si un niño aprendió que en una etapa no natural este mecanismo le funciona para conseguir ciertas cosas, puede ser una manera para obtener lo que necesita (desde atención hasta objetos o cualquier demanda que tenga).

Todos los berrinches -independientemente de la edad- no pueden ser ignorados. En alguien de dos años es más que necesario atenderlo, al ser tan pequeño y no gozar de los recursos lingüísticos para poder comunicarse. “Todos los berrinches se atienden, la cuestión es que la atención es diferente. Por ejemplo, un niñito de 3-4-5 años que está buscando atención pero de una manera negativa, yo no se la voy a dar en ese momento”, sugiere. “Tiene que ver con la función de la conducta. Ningún berrinche debe ser obviado pero sí deben ser todos abordados y trabajados de una forma coherente con lo que está pasando o la causa del berrinche”.

Según el juicio de esta especialista, la solución es llegar a un punto medio, pues al fin y al cabo los niños poseen una forma de pensar y concebir el mundo completamente distinta a la de los adultos. Cuidado, atender un berrinche no significa darle lo que quiere y por lo que dijiste que no en un principio. La idea es contener, entender y luego de que haya pasado la rabieta, ir poco a poco estableciendo límites y sugerirle que se entiende pero no se está de acuerdo con algunas conductas.

“El berrinche se entiende como un acto del niño en donde tiene una función y nosotros como padres somos responsables de contener. No de castigar, de contener. Y de guiar un proceso para que, progresivamente, vaya creando el autocontrol que necesita para superar eso que a él le está causando malestar, incomodidad, tristeza, rabia”, señala la psicólogo de @psico_kids.

“Tiene que ver con la función de la conducta. Ningún berrinche debe ser obviado pero sí deben ser todos abordados y trabajados de una forma coherente con lo que está pasando o la causa del berrinche”.

Algunos tips que nos ofrece la psicóloga Vanessa Muñoz de Colic:
  • Identificar la causa del berrinche. Los berrinches no pasan porque sí, puede parecerlo pero siempre tienen causa (hambre, sueño, aburrimiento, quiere un objeto). Los padres deben buscar la manera de ser objetivos a lo que el niño está demandando en ese momento.
  • La promoción de conductas positivas sirve como vacuna protectora para evitar el berrinche. Si le enseñé al niño a pedir cosas de manera asertiva, si le enseñé a compartir, esas actitudes positivas me van a proteger contra que el niño pueda ejercer un berrinche para solicitar ciertas cosas.
  • La atención positiva siempre le gana a la atención negativa. Si estoy pendiente de mi hijo, si de alguna manera paso tiempo de calidad con él, si estoy pendiente de lo que él necesita, si entiendo al niño como un niño como tal, terminará haciendo menos berrinches.
  • Si estamos en el período de los 1-4 años, los berrinches son normales y tenemos que entenderlos como una etapa que no quiere decir que lo vamos a dejar pasar, pero que sí quiere decir que comprendemos que es algo que va a suceder y que es completamente normal. Está pasando por una fase en donde necesita reafirmarse a sí mismo, así sea cuestionando nuestras decisiones.
  • Algunos berrinches pueden evitarse. La clave es conocer a tu hijo y entender cómo es, porque los berrinches no aparecen repentinamente en la mayoría de los casos sino que viene una escalada emocional, entonces puedes tener algunas actitudes que distraigan al niño del berrinche. P.e: reorientar su atención para enfocarla en otra cosa y que no haga el berrinche por un objeto.

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